Compasión
Llamamos compasión al acto por el que una persona asume como propio el sufrimiento de otra. Es un concepto tomado del pueblo judío. Los hebreos relacionaban la vida del espíritu a distintos órganos corporales. Por ejemplo, los sentimientos los relacionaban con el corazón, o el poder con las rodillas, el deseo con la espalda y el dolor con los riñones.
¿Sabes con qué parte del cuerpo relacionaban la compasión? Con el seno materno, en referencia muy honda a la facultad del ser humano de existir para otro, de asumirlo en sí mismo, de soportarlo y, soportándolo, darle la vida.
La compasión de Dios, en este profundo sentido, es su reacción ante nuestro pecado. Ir al inicio de la página
Absolucion
Es la oración de la Iglesia –pronunciada por el sacerdote- en la que pide a Dios Padre -que es la fuente de todo perdón- que envíe su Espíritu y libere de su pecado a quien lo confiesa. Ocupa el lugar central del sacramento: sin absolución no hay perdón.
Cristo “confió el ejercicio del poder de absolución al ministerio apostólico, que está encargado del ‘ministerio de la reconciliación' (2 Cor 5,18). El apóstol es enviado ‘en nombre de Cristo', y ‘es Dios mismo' quien, a través de él, exhorta y suplica: ‘Dejaos reconciliar con Dios' (2 Co 5,20).” (CIC 1442)
“Las palabras que la expresan y los gestos que la acompañan (…) revisten una sencillez significativa en su grandeza. Su fórmula sacramental manifiesta que en aquel momento el pecador contrito y convertido entra en contacto con el poder y la misericordia de Dios. La Santísima Trinidad se hace presente para borrar su pecado y devolverle la inocencia, y la fuerza salvífica de la Pasión , Muerte y Resurrección de Jesús es comunicada al mismo penitente como ‘misericordia más fuerte que la culpa y la ofensa'.
La absolución es el signo eficaz de la intervención del Padre y de la ‘resurrección' tras la ‘muerte espiritual', que se renueva cada vez que se celebra el sacramento de la penitencia.
Solamente la fe puede asegurar que en aquel momento todo pecado es perdonado y borrado por la misteriosa intervención del Salvador.” (Reconciliación y penitencia 31, III) Ir al inicio de la página
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