Confesor
“Los obispos y los presbíteros, en virtud del sacramento del Orden, tienen el poder de perdonar todos los pecados ‘en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo'.”(CIC 1461).
“Porque Jesús es el Hijo de Dios, dice de sí mismo: ‘El Hijo del hombre tiene poder de perdonar los pecados en la tierra' (Mc 2,10) y ejerce ese poder divino: ‘Tus pecados están perdonados' (Mc 2,5; Lc 7,48). Más aún, en virtud de su autoridad divina, Jesús confiere este poder a los hombres (cf Jn 20,21-23) para que lo ejerzan en su nombre.” (CIC. 1441)
“El confesor no es dueño, sino el servidor del perdón de Dios. El ministro de este sacramento debe unirse a la intención y a la caridad de Cristo.” (CIC 1466)
“Al hacer partícipes a los apóstoles de su propio poder de perdonar los pecados, el Señor les da también la autoridad de reconciliar a los pecadores con la Iglesia. (…) ‘A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos' (Mt 16,19).” (CIC 1444). Ir al inicio de la página
Atar y desatar
“Las palabras atar y desatar significan: aquel a quien excluyáis de vuestra comunión, será excluido de la comunión con Dios; aquel a quien recibáis de nuevo en vuestra comunión, Dios lo acogerá también en la suya. La reconciliación con la Iglesia es inseparable de la reconciliación con Dios.” (CIC 1445). Ir al inicio de la página
Sigilo sacramental
Sigilo es el ‘secreto que se guarda de una cosa o noticia'. Se llama sigilo sacramental al ‘secreto inviolable que debe guardar el confesor, de lo que oye en la confesión'.
“Dada la delicadeza y la grandeza de este ministerio y el respeto debido a las personas, la Iglesia declara que todo sacerdote que oye confesiones está obligado a guardar un secreto absoluto sobre los pecados que sus penitentes le han confesado, bajo penas muy severas. (…) Lo que el penitente ha manifestado al sacerdote queda "sellado" por el sacramento.” (CIC 1467). Ir al inicio de la página
Tarea del confesor
“Ante la conciencia del fiel, que se abre al confesor con una mezcla de miedo y de confianza, éste está llamado a una alta tarea que es servicio a la penitencia y a la reconciliación humana: conocer las debilidades y caídas de aquel fiel, valorar su deseo de recuperación y los esfuerzos para obtenerla, discernir la acción del Espíritu santificador en su corazón, comunicarle un perdón que sólo Dios puede conceder, ‘ celebrar' su reconciliación con el Padre representada en la palabra del hijo pródigo, reintegrar a aquél pecador rescatado en la comunión eclesial con los hermanos, amonestar paternalmente a aquel penitente con un firme, alentador y amigable ‘vete en paz'.” (Reconciliación y penitencia 32, Juan Pablo II). Ir al inicio de la página
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